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tus errores



tus errores ando, y soy

por tus errores
tropiezos, cegueras, inercias
...qué sé yo

y soy por, y con, y
-deberías saberlo-
en todos tus errores

y porque tus errores...
me reconozco y me espejo en ellos

...

de tus estupideces
te perdono la imperdonable
madre

y que esa ingenuidad
que me llegó a ti
te distancie de preguntarme

porque callaría o mentiría
...no sabría

por que jamás llegues a
lo poco que me tengo
en, por
y
con tu estupidez de por medio

...

porque me sé por entre ellos
en cada soy de tus errores

y no saber cómo vivirlos
o decirte mejor

yo querría...

...

serte contigo solamente
estarte sin mi venida en la frente
de tus errores y la estupidez
que te llevó a mí
robándote cuanto fui
cuando contigo
olvidar eso
...todo

y serte como quieras que te sea
ofrecerte más horizontes
que estos paisajes de fuga
sin que ya sepas, nunca

que lo siento porque...

...

y cuánto te culpé
durante cuánto y
tanto y...

y también tiempo


bastará para callarte

con el temple duro de piedra sorda atendí los gemidos de auxilio,
pensé una palabra tuya bastará para callarte y cosí
en un estrecho abrazo, un lazo del cuello a la eternidad en un viaje de boca seca y lívido aire en humo de ceniza hundida en los restos de hangares de un pecho calcinado.
ah: y el garabato de un desesperado deseo, la obstinación que quiere agarrar y se queda con el rastro de una marca entre las uñas, que duró nada, segundos, hasta que no hubo más que pedir, hasta que no hubo
más que
una lombriz roja en la comisura que se arrastraba por la tierna estupidez de quien cree vivir sin sangre en sus venas; digo, en sus manos.
viciadas con el vaho del aliento, las sienes me dijeron que estaba vieja la pobre, que pisó mucho suelo. y el brazo pesaba corona plúmbea.
   y las sienes confundieron vahos de distintos climas y lecturas en la sopa turbia de
turbadas burbujas perdidas, el excitado aire que las sube, y el vacío en la caída.
 me decía que era buena la vieja, que anduvo muchos suelos.
y a pequeños sorbos fui volviendo. sentí como lentamente todo se restauraba,
que menguaba
mi paquete.

el deseo


apareces enseguida despistada tu paso tartamudo
de cervatillo en alerta inocente tierna prudente
con la prudencia de quien descubre el mundo con ojos de niña
el flequillo riñe abiertamente con tus pestañas por abanderarte la mirada que
me encuentra siempre y lo juro por dios y abres las pupilas en dos lunas negras con gravedad como para absorberme el alma y qué sé yo un millón de vidas
el deseo envuelto con peso de aire fatal sube el pulso del pecho a las manos de las manos al pecho al labio la lengua que se enreda en mentiras de eternidad y placer agónico
mapas topográficos topológicos de paraísos escondidos en los reinos insondables de tu sexo bajo y sobre un cielo de tormenta de cama hasta la conmoción final al gobierno del último trueno que imprime el último beso en tu mejilla afectada donde me quedo esperando –a- que te decidas
y me susurres al oído que suspira con el rocío por las sábanas esquivando vacilaciones titubeos camino del alivio que ya se vislumbra
también te quiero
te vacío y tu mirada escapa hacia algún astro que luce en el techo sabor de sal en la boca me doy la vuelta saciado y henchido y no entiendo
bien lo que parecía ser buenas noches papá

ramera

el polvo acomodado
manso sobre las sábanas que de aquellas
fueran tensas velas soportando las fuertes embestidas de alisios
se alteró ante el desplome de la vieja ramera
de cubierta desconchada
abufonado maquillaje
amarillo el blanco de los ojos
los ojos secos huecos vacíos
atrapados en la red arrastrada de la fatiga que invita a perderse
mientras hunde su esqueleto en un crujido compartido con el crujido del catre
en imágenes yuxtapuestas
improvisadas por un pretérito simple sin sueños de princesa
que nació y que fue de barrios donde se nace y se es sabida
y donde sin embargo y de vez en cuando inyecta fustes con los que mantener al día lejos
o se le escapan miradas a un cielo de noche esquivando el acoso de muros enrarecidos
al acecho del primer signo
de esperanza para caer en cascada sobre el deseo de los miserables
en-callándolos en el estrecho del tiempo y dejando como único escape
de aire la eterna letanía repetida a los cuatro pliegues de las sábanas y la mugre que las arropa

“con las pollas que he tenido que chupar
la de pollas que habré mamado”